El pilar de oricalco

Inglés: 13 de agosto de 2019

Español: 19 de octubre de 2019

Los fragmentos de hormigón crujían bajo la suela de mis zapatos. Mi andar era cauto entre las paredes de una época muy lejana. La luz era tenue. Pero aún así se podían apreciar los desconchones, las pintadas, huecos en las paredes a través de los cuales salían oxidadas armaduras de acero corrugado como huesos de un cadáver a medio devorar por las fieras. Después de horas deambulando por los laberínticos pasillos vi luz solar. A lo lejos, al final del pasillo, un brillo cegador indicaba que esta etapa de mi camino había acabado. Tras un instante de introspección, parado, en pie, reanudé la marcha con paso decidido. A medida que el brillo se hacía más intenso entorné los ojos y bajé la cabeza.
Crucé el umbral y me adentré en la sala circular. Dentro esperaba ella. En pie. A medio camino entre el centro de la sala y la pared perimetral. Llevaba un vestido ajustado negro que se extendía por debajo de sus rodillas. Su presencia me detuvo repentinamente. Recordé, durante un instante que dilató el paso del tiempo, el momento fortuito que, hace varios meses, había desencadenado esta situación. Cuando salí de mi ensimismamiento seguí caminando hacia su esbelta silueta. Estaba de pie bajo la amplia cúpula, a varios pasos del pilar de oricalco. El pilar brillaba con iridiscencia roja y amarilla bajo la luz que atravesaba los óculos que perforaban el techo con regularidad radial. Su mirada estaba oculta detrás de unas gruesas gafas de acetato negro con lentes circulares de gran tamaño. Me saludó cuando entre nosotros ya sólo quedaban unos cuantos pasos:
—Hola, Renato —dijo sonriendo, mientras se quitaba las gafas de los ojos y las colocaba sobre su cabeza.
—Hola, Ariadna. Lo logré —dije en un tono neutro—. La poca luz no ha ayudado mucho pero aquí estoy. Despúes de todos los sinuosos pasillos y los corredores interminables.
—Lo has hecho muy bien. Yo tardé mucho más la primera vez que descubrí esto.
Me acerqué a ella para intercambiar dos besos en las mejillas. La satinada superficie negra de sus gafas de sol reflejaba la superficie iridiscente del pilar de oricalco en formas caprichosas. Fue en ese momento cuando me di cuenta de que las patillas de las gafas formaban dos grandes espirales. Como el brote de un helecho desenrollándose. Como el caracol del clavijero de un violín. Como las volutas que rematan el capitel de una columna jónica. Me quedé embelesado contemplándolas por unos instantes interminables, asombrándome de cómo algo tan vano pudiese desencadenar imágenes tan bellas en mi imaginación.
—Me gustan tus gafas de sol —dije honestamente.
—¡Gracias! —Dijo ella mientras sonreía una vez más y volvía a colocar las lentes delante de sus ojos—. Son mi par favorito: Prada Minimal Baroque.
Sus dientes perfectamente alineados aparecieron detrás de sus labios ligeramente estirados.
—Ah, barroco… Ya veo… Sí, tiene sentido. Pero no pensé en el barroco cuando las vi. Soy un tipo más neoclásico. De hecho, me ha recordado cómo Vitruvio describió el orden jónico como eminentemente femenino. En contraposición al dórico, masculino. El orden jónico se construye con la inspiración de una mujer delicadamente vestida. El dórico un hombre desnudo. La columna se apoya en el suelo a través de una basa, el calzado de una mujer. Las canaladuras del fuste están diseñadas para evocar los peplos plisados de las cariátides. En lo alto de la columna, las volutas a ambos lados del capitel son los rizos de una mujer mediterránea. Finalmente, la ovas y dardos tallados entre las dos volutas se inspiran en las joyas que lleva colgadas al cuello.
—Vaya… —Logró decir Ariadna después de una breve pausa—. No me esperaba un análisis estético tan profundo sobre algo tan mundano como mis gafas de sol. Las compre hace muchos años ya. Simplemente me gustaron. Cuando me las pongo me siento como una diva de cine italiano de los años cincuenta.
Se volvió a poner las gafas sobre su cabeza y me dirigió una sonrisa traviesa. Me volvió a hablar:
—Sígueme, te mostraré dónde hacían los sacrificios.

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