Solaz

¿Qué te gusta más?
¿El arte o la filosofía?
Habrá quien piense que semejante pregunta carece de sentido.
O que la respuesta es obvia, corriendo como corre el arte a raudales por tus venas.

Yo no lo tengo tan claro.
Si me hiciesen a mi la misma pregunta no sabría qué responder.
Aunque no tenga talento para las artes plásticas.
Aunque sólo coja mi violín de ciento en viento y me desespere con el sonido imperfecto que obtengo.
Aunque no sea más que un diletante de la prosa y el verso libre.
Aun con todo esto no sería capaz de poner el arte por delante de la filosofía.
Ni tampoco al revés.

Pero no siempre ha sido así.
Aunque las intuiciones de nuestra adolescencia tienden a ser correctas a grandes rasgos, requieren de un concienzudo y metódico pulimentado que sólo el paso del tiempo es capaz de proporcionar hasta alisarlas y sacarlas todo el brillo que tienen en su interior.
En un pasado pensaba que era cartesiano. Que todo lo que necesitaba para acercarme a la verdad era la ciencia y el estudio de la materia.
Me hice ingeniero cuando todavía pensaba así.
Pero algo fermentaba en mi interior.
Y en algún momento impreciso esa mezcla viva explotó.
Y ya no fui el mismo.
No tengo muy claro qué fue el detonante.
Sospecho que quizás fuera el vértigo que se siente cuando tus pies se encuentran en el borde del precipicio y tu mirada desciende hacia el más profundo y vacío abismo.
En esa situación existen pocas alternativas.
Saltar.
Enloquecer.
O dar media vuelta y volver sobre tus pasos.
Yo elegí la última. Retrocedí lo andado hacia el origen de todo.
Como un Odiseo digital después de haber estado a punto de probar el bebedizo binario de la Circe cyborg.
Al principio el dolor resultó molesto, pero se atenuó con el paso del tiempo.
Siempre pasa igual.
Vu, entendu, interré.
El tiempo todo lo devora, también el dolor.

Resultó que nunca fui un cartesiano sino simplemente un platónico mal formado.
Y que más allá de la ciencia; de la filosofía y del arte; del pensamiento y la belleza; existe algo sublime a lo que sólo podemos acercarnos en nuestra soledad, en nuestro silencio y en nuestro ayuno.
Un Logos inefable del que cuanto más se intuye menos se puede decir.
Amor infinito.
Por esto, arte o filosofía, es una disyuntiva carente de sentido.
Porque ambas cosas, belleza y bondad, son sólo dos facetas limitadas de la única Verdad que existe.

Y con esto la metanoia se completa.
Meta-idea.
Meta-pensamiento.
Pensamiento más allá.
No pensamiento por adelantado.
Arrepentimiento.
Pero no significa que todo sea fácil desde ese momento en adelante.
Quizás al revés.
El sentido queda claro.
Es la exigencia la que se vuelve implacable.

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